ISCHILIN

   El norte de la provincia de Córdoba es la zona con más historia y cultura de la provincia de Córdoba.

   El 6 de julio de 1573 Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad de Córdoba, que más tarde sería conocida como “La Docta” (denominada así porque en 1613 se fundó allí la primera Universidad Argentina). Este militar español, en su andar, fue otorgando las “mercedes” entre sus hombres y así, al paso de los españoles, los comechingones y sanavirones de pronto se encontraron con que su tierra ya no era más su tierra. Los jesuitas llegaron un poco más tarde y dejaron su impronta imborrable. Justo es decirlo, la región norte de la provincia de Córdoba no ostenta la fama de sus vecinos, los valles de Punilla, Calamuchita o Traslasierra. Aquí no hay grandes lagos, ni diques faraónicos, no hay sierras grandes, ni fiesta de la cerveza.

    El norte de Córdoba es la zona menos rica en cuanto a producción agropecuaria, ya que sus suelos son, en su mayoría, de origen salino y desértico. A eso agreguemos que las sequías anuales y el clima caluroso conforman un paisaje atípico. En su no parecerse en nada al resto de la provincia, el norte encuentra su belleza. En las pinturas rupestres, en su devoción a la Virgen del Rosario, en sus Estancias Jesuíticas, en la senda del Antiguo Camino Real, en su variopinta oferta gastronómica, y circuitos de bodegas , y en sus pueblos centenarios…

Hay lugares donde el factor “tiempo” no tiene ningún sentido. Hay refugios que se ocultan del vértigo. Hay pueblos como Ischilin. 

 La alegría  que se esconde en su nombre (Ischilín, significa en lengua sanavirona “alegría”) es la que siente quien llega al pueblo, tras dejar en suspensión el polvo de la ruta. Todo se genera a partir de un algarrobo que cobijaba en su sombra a las carretas y jinetes que recorrían aquellos parajes del norte cordobés en travesía hacia o desde el Alto Perú. A partir de allí, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, construida en 1706, da la bienvenida. Ella y la plaza nutren al casco histórico de Ischilín de una atmósfera colonial, que junto a los edificios restaurados, convierten a este poblado en un lugar de historia viva. Las viejas casas de adobe, que eran pulpería, estafeta postal, juzgado de paz, posteriormente la escuela. Todos ellos en corro alrededor del viejo árbol que sigue contemplando el horizonte.

  A Ischilín se puede llegar desde diferentes puntos, todos sus accesos son de tierra. La ciudad más cercana es Deán Funes (cabecera del departamento Ischilín). Un poco más hacia el sur, en el camino a Loza Corral, una bodega ofrece sus excelentes merlots y delicados cabernets.

   Quien guste del arte, quizás ya conoce, sin saberlo esta región. Fernando Fader plasmó en su pintura los colores y la belleza del paisaje del norte cordobés en los años que habitó la zona. Siguiendo la ruta curvilínea, se arriba a Loza Corral, a su casa museo.  Fader llegó hasta aquí buscando paliativos a la tuberculosis que lo afectaba. Transcurrieron 20 años, durante los cuales, orientó su visión del mundo. Retornó de alguna forma al impresionismo, empleando más ampliamente el uso de los contrastes de la luz natural y los paisajes mudaron en lienzos. Este cambio fue favorecido por el entorno que le rodeaba, inspirándole de forma bucólica, creando en esa época las que posiblemente sean sus mejores y más conocidas obras. Plasmó diversas escenas de campesinos y del ambiente rural de la zona, todas ellas con una fuerte carga romántica.

Fuente: Rodrigo Carretero (Guía de turismo provincia de Córdoba)

Contacto: 351 3710240 /@encaminopaseos / encamino2011@gmail.com

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